Cuando esta mañana Gustavo me enviaba esta imagen, sentí que era una señal para pararme y pensar en el propósito de vida que tengo y en lo que me ha costado y aún me cuesta, de vez en cuando, no desviarme de mi camino cada día.
Pararse con frecuencia, a sentir dónde estamos y hacia donde vamos, no siempre resulta sencillo. Lo más fácil es estar viviendo hacia fuera y ocupar el tiempo para no pensar, justificando (precisamente) que no tenemos tiempo... No importa a qué nos dediquemos, no importa en qué trabaje cada uno... lo importante creo yo, en el descubrimiento de éste propósito, es estar alineado con nuestro corazón y ser coherente con lo que pensamos, sentimos y hacemos.
Esto implica dejar todos esos personajes que vestimos a diario. Cuando la incoherencia y el abandono de uno mismo reina en la vida, en ese momento que sentimos vacío, abatimiento, y no estamos satisfechos con nuestra vida, es ahí, cuando deberíamos pararnos y reflexionar para encontrar ese propósito de vida sagrado.
Y es ahí cuando lo encontramos... cuando nuestra alma siente ese serenidad, del momento de vivir una vida que nos place. Eso significa a veces renunciar a la comodidad, y tener la consciencia y la humildad de saber que no podemos ayudar a nadie aunque en ocasiones pensemos que si, porque solo uno puede ayudarse a sí mismo. Siento que es cada uno, quien tiene que descubrir quien es, aunque a veces en nuestro afán de ayudar, esto se nos olvide.
El siguiente vídeo de Virginia Blanes, me encanta... resueno tanto siempre con lo que escucho en sus conferencias, a ver qué te parece...
Compartir conocimientos e información no significa hacer el camino del otro. Cada uno debe de responsabilizarse de su vida, cogiendo aquellas herramientas que el Universo va poniendo delante cuando las vamos necesitando, y nos llegan de la forma más variopinta. Éste propósito emerge de la vida misma...
Vivir despiertos, conscientes... descubriendo, aprendiendo, disfrutando cada instante, integrando lo fácil y lo difícil...esa es la vida y así viene a nosotros nuestro propósito.



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