viernes, 16 de mayo de 2014

VII. LA VIDA


Siempre he sido muy racional, mis preguntas, se basaban en todo momento en ¿qué piensas? en lugar de ¿qué sientes? 

Durante muchísimos años he bloqueado el sentimiento de mi corazón, para evitar el dolor y por lo tanto el sufrimiento profundo. Pensaba que con mi mente podía "controlar" mejor mi vida. Una mente rígida e inamovible me conducía a lo que yo creía que era mi camino, el qué encontré, pero por el que me resultaba imposible avanzar. 

En estas últimas semanas, la vida me ha puesto personas y circunstancias que me están ayudando a soltar, a sentir y a liberar mi corazón. Estoy en el proceso de asimilar mis contradicciones, para intentar resolverlas.


El paso de la rigidez a la flexibilidad, es un camino de crecimiento apasionante sin embargo en ocasiones, se torna difícil. Hacer un duelo, no es sinónimo de resolver, porque cuando no se ha hecho correctamente, la herida se ha cerrado " en falso" . Sólo el paso del tiempo, y las circunstancias que se presentan en la vida, son las que te permiten discernir y sentir aquello que aún no está resuelto.

Saber lo que SOMOS y no lo que suponemos que somos; lleva en sí una tremenda diferencia.  Saber lo que somos de acuerdo a nuestros pensamientos; no es lo mismo que saberlo de acuerdo a LA CONSCIENCIA CONSCIENTE DEL SER; AQUÍ Y AHORA.



Un paso fundamental para amarnos a nosotros mismos, es re-conectar la energía vital al corazón. La felicidad tiene mucho que ver con estar en paz con lo que es, tal y como es, estar en paz con nuestro pasado, con nuestras raíces, con nuestra vida, y eso es algo que puede sentirse cuando volvemos a habitar el corazón. En ello estoy. 

Siento que ir hacia el corazón, es realizar un camino de regreso a casa, al verdadero hogar, un espacio donde hay mucha fuerza, confianza y amor disponible para nosotros.



En ese camino, podemos sanar todo aquello que nos vayamos encontrando, las viejas heridas, las memorias de dolor, las experiencias que hemos interpretado erróneamente, el miedo, la vergüenza, o el shock, todo lo que haya congelado nuestra vitalidad y confianza, nos agreda, o nos de una percepción de la realidad  llena de sufrimiento.

La siguiente meditación y la que publiqué en la entrada de liberación del pericardio aquí,  me ayudan a diario en ese camino hacia el corazón, que tanta tranquilidad me da.



El otro siempre nos refleja aquello que debemos soltar para reconocernos. Por eso es tan importante vivir el instante presente, para disfrutar de todo lo que aprendemos en cada momento, con cada uno de nuestros espejos.

Enfoca tu atención en lo que sientes dentro de ti. Identifica el cuerpo-dolor y acepta que está ahí. No pienses en él, no dejes que el sentimiento se convierta en pensamiento. No juzgues ni analices. No te fabriques una identidad con el dolor. Mantente presente y continúa siendo un observador de lo que ocurre dentro de ti. 

Toma conciencia no sólo del dolor emocional, sino también de aquel que lo observa, el testigo silencioso. Éste es el poder del ahora, el poder de tu propia presencia consciente. Observa qué ocurre a continuación.



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